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BLACK EARTH RISING

20 May , 2019  

Atento como siempre estoy a profundizar en el africanismo como forma de entender nuestro tiempo y la sociedad actuales, me detuve en la cartelera de Netflix en una serie cuyo título ‘black’ y un rostro africano prometía brindarme algo de interés. Y digo si lo proporciono!

 

La serie (una única temporada de ocho episodios) repasa el  genocidio ruandés a través de un drama familiar extraordinariamente interpretado por una actriz de rostro africanamente marcado y modos fuertemente dramáticos: Michaela Coel. La presencia de mi querido John Goodman completa el pequeño reparto.

 

La protagonista, adoptada cuando era una niña pequeña por una fiscal del TPI durante el genocidio de Ruanda, bucea en su pasado al tiempo trata de investigar al líder de una milicia africana, convirtiéndose en el centro de una trama política y criminal derivada precisamente del genocidio ruandés.

 

A partir de la serie aproveché para repasar los numerosos testimonios disponibles en youtube que profundizan en esa orgia de locura violenta de apenas cuatro meses en que se convirtió Ruanda en 1994.

 

Aprovechando el vigésimo quinto aniversario del genocidio, recomiendo esta serie (y la posterior navegación por youtube).

 

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LOS TRES MEJORES ESPECTÁCULOS DE DERVICHES EN ESTAMBUL

1 Abr , 2019  

Una de las grandes suertes de mi vida ha sido poder asistir a las Semmas: ceremonias de derviches giróvagos, que en mi propio imaginario infantil imaginaba como algo místico, exótico e inalcanzable.

 

Ese imaginario con el paso de los años se ha satisfecho yendo no solo una vez, sino innumerables, e incluso poder comparar diferentes corrientes dentro del sufismo.

 

De entre todas ellas, para mí, destaca la danza derviche de estilo egipcio y que puede verse en la ciudadela de El Cairo.

 

Si, como es lógico, es más accesible y habitual viajar a Estambul, contempla la posibilidad de asistir a uno de estas tres ceremonias:

 

  • Mevlevi (solo domingos a las 17.00)
  • Hodjpasha, junto a la mezquita del mismo nombre (diario)
  • Estación de tren de Estambul (diario)

 

Hay quien quiere ver un espectáculo autentico no prostituido por el turismo o no orientado a los turistas. Realmente hemos de admitir que esto es hoy día casi misión imposible. Claramente si es una ceremonia ‘autentica’ no está abierta a ningún invitado. Es solo para los miembros de esa congregación. Lo demás es en sus diversas formas: ‘espectáculo’

 

Sin embargo que sea espectáculo no significa que no sea auténtico. Sinceramente creo que entre los derviches hay devoción por mucho que sea un trabajo y siento que perciben la responsabilidad de trasmitir la grandeza de esa corriente espiritual.

 

Mi preferida sin duda es Mevlevi.  Los Mevlevíes fueron una orden sufi muy reconocida dentro del imperio otomano al que otorgaron músicos y poetas de gran importancia. Tienen un ‘monasterio’ en Estambul en las cercanías de la Torre de Gálata.

 

Hodjpasha tiene un enfoque muy comercial o turístico, sin embargo está muy bien presentado, en un espacio hermoso, con una exposición explicativa, una proyección multimedia en el lugar de la Semma, etc.

 

La estación de trenes de Estambul tiene una mayor facilidad de acceso y la Semma se representa en una hermosa sala de la misma.

 

Suelen empezar a las 19 y tiene un coste medio de unos 15 euros. Conviene reservar aunque en Mevlana solo se ponen a la venta las entradas el mismo día de la ceremonia (domingo).

 

Las cofradías de derviches fueron prohibidas en Turquía por Kemal Ataturk en 1923; pero para los años 1950, el gobierno se dio cuenta de que la danza derviche era una buena atracción turística y permitió nuevamente a los derviches realizar su ceremonia en Konya, en el aniversario de la muerte de Rumi.

 

La última a la que asistí me decía a mí  mismo la suerte que he tenido no solo poder asistir a una Sema y haberlo hecho varias veces y sobre todo, seguir disfrutando al verlas.

 

 

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TRIBUS DE TERRA INCÓGNITA. LOS KARO

18 Mar , 2019  

La menguante tribu de los Karo (según fuentes del gobierno etíope no la integran más de 2000 individuos) se encuentra en un territorio al sureste del río Omo.

 

En tiempos fueron pastores nómadas, actividad con la que se enemistaron con sus vecinos los mursi (con quienes, en la actualidad, siguen enfrentándose cada dos por tres) aunque fue finalmente la gran cantidad de mosca tse-tse en la región la que acabó con sus rebaños. Para subsistir se vieron obligados a dedicarse a la agricultura del sorgo y el maíz en combinación con  la recolección de la miel, la pesca y la cría de cabras.

En la actualidad han estrechado lazos con los Hammer y los Dassanech con los que tienen cada vez más parecido ya que han adoptado de unos y otros sus propios rasgos. No es difícil confundir a los karo con cualquier otra tribu del valle. Las mujeres se untan el pelo de la manteca con arcilla de las hammer y visten las faldas de piel de estas. Los hombres, mucho más exagerados que las mujeres en la abundancia de marcas corporales, se adornan con collares y brazaletes metálicos y llevan imperdibles en el labio inferior como los Dassanech.

 

A ambos les ceden sus tierras para el pastoreo a cambio de cabezas de ganado. También han adoptado costumbres y rituales como el bulljumping (el salto de la vaca, ceremonia de iniciación en la que además los hombres toman mujeres para su matrimonio -la distinción de este depende del número de esposas y estas dependen del poderío económico y social del marido-).

 

Dan una gran importancia a la ornamentación corporal por lo que son maestros de la escarificación y la pintura corporal. Para lo primero se cortan la piel y exponen las cicatrices según lo que hayan de representar: la muerte de un rival por ejemplo o de un animal. También los penachos de plumas que adornan la cabeza tienen parecidos significados. Para lo segundo usan un pigmento (usado por la práctica totalidad de las tribus del Valle) elaborado a partir de tiza, minerales y carbón.

 

Se trata de una escarificación y una pintura corporal muy elaborada con la que marcan sus rasgos sociales y la propia identidad tribal.

 

Mantienen aún erráticos atavismos en cuanto al abandono de los recién nacidos fuera del matrimonio o con malformaciones (atavismos que las autoridades etíopes tratan de combatir con mayor o menor éxito).

 

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Cueva de Nswatugi

30 Oct , 2018  

Tras volver de allí, pese a la dificultad de encontrar literatura al respecto, profundicé ligeramente en la historia, la antropología que se escondía tras las cuevas de los Matopos.

Un granero de hace un par de siglos

Inexplicablemente, una de ellas, la cueva de nswatugi, fue usada como granero en el siglo XIX por los pioneros de John Rhodes.

Entré solo en un par de ellas aunque en la zona hay numerosas cuevas. Nswatugi (que en lengua shoona significa ‘lugar del salto’) me impacto especialmente gracias a la morfología de la propia cueva y sus realistas pinturas rupestres.

Una cueva con formas impresionantes

Como el desfiladero de Petra, la cueva era alta, de tonos cálidos, bien visibles los estratos y el paso de los siglos. La altura se producía por una lenta elevación de siglos. Una especie de flor que abre sus pétalos petrificados a lo largo de la eternidad.

No parecía que fuese a caer ni un solo grano de arena. La erosión de miles de años ha dejado aquellas superficies duras, lisas y pulidas

Con vistas a África

Y como en una panorámica en cinemascope aparecen jirafas esbeltas, en movimiento. Impalas pastando, kudus en desbandada. Y entre ellos, nuestros antepasados mostrando a las generaciones venideras una lección de evolución.

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Los museos africanos

14 Oct , 2018  

Mi “trabida” me lleva constantemente por el mundo (thanks oh lord) buscando piezas atemporales de otros pueblos y tribus. Investigo constantemente en fuentes de información de todo tipo y, como es lógico, siempre visito las galerías y museos de las ciudades que visito.

He aprendido con el tiempo a degustar estos museos e incluso a amar lo que, en términos occidentales, sería un edificio ruinoso con una pobre colección sin orden ni concierto.

En África, en general, los museos se hallan en franca decadencia. Hay excepciones, claro, aunque detrás de estas suele haber alguna fundación (algún fondo) europea empeñada en preservar la antigüedad y mostrarla convenientemente.

Aunque los cánones modernos se extienden también en África, y la cultura como pilar elemental de una sociedad moderna es algo que también saben todos allí, lo cierto es que el  arte y la cultura en África tiene principios muy diferentes a los europeos, especialmente en lo que se refiere al goce intelectual de una obra.

El valor de las piezas tradicionales (máscaras por ejemplo) no suele ser estético sino funcional: un elemento ritual de conexión ancestral, por lo que habilitar un edificio para la exposición de estos tendría tanto sentido como hacerlo para exponer, por ejemplo, un teléfono o un papel de carta. Caso aparte sería el arte contemporáneo, aunque en la mayoría de los casos podría aplicarse la misma norma: una expresión artística que reproduce –replica o copia- obras que se realizaron en Europa con principios ajenos a los africanos.

Con todo, hay museos propiamente africanos, en general gracias al voluntarismo de algunos (más que profesionalidad) y ningún recurso económico.

Acostumbrado a la historia del arte occidental y a las grandes pinacotecas en las que se exponen sus obras, el crujir del suelo a medida que se camina por salas solitarias, el polvo de las vitrinas, la información escrita a mano… suele ser una experiencia frustrante. Sin embargo esa frustración, se ha ido convirtiendo para mí en una experiencia entrañable.

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LAS EXPOSICIONES ETNOGRÁFICAS DE LA ÉPOCA COLONIAL

29 Sep , 2018  

Aprovecho que el primer lunes de octubre fue designado por Las Naciones Unidas como Día Mundial del Hábitat, para traer a la memoria un espectáculo que se produjo desde el último tercio del siglo XIX hasta bien entrada la mitad del siglo XX: los zoos humanos.

¡Tan poco tiempo ha transcurrido desde que dejaron de celebrase y tan ajenos están en la memoria colectiva de occidente!. Hoy día, menos de un siglo después de que estuviesen en su apogeo nos resulta aberrante tan siquiera su recuerdo.

En 1874 el alemán Carl Hagenbeck, mercader de animales salvajes para los circos de Europa decidió incorporar nuevos «ejemplares» a su repertorio: en particular samoanos y lapones. La iniciativa fue un éxito de público, tanto que la industria del espectáculo desarrolló el modelo dando lugar a los “zoológicos humanos”.  Un fenómeno circense que recreaba el hábitat de diferentes tribus indígenas para exhibirlas en crueles giras que les llevaban a las principales ciudades de Europa.

Estas exposiciones fueron la ocasión de presentar al público europeo una muestra de los diferentes pueblos colonizados.

Eufemísticamente también se las denominaba como «exposiciones etnológicas» o «ciudades de negros», enfatizando las diferencias culturales entre las naciones europeas y las no europeas (o entre blancos y negros).

Tras estas exposiciones subyacía todo un argumentario propio de la época que iba de la curiosidad antropológica a la justificación política del colonialismo pasando por el supremacismo racial o el darwinismo social.

Estos desarraigados poblados recorrieron la geografía occidental, especialmente Francia, Bélgica y Alemania, interesados en dar muestra de los (accesibles) habitantes de sus colonias en África.

No se trataba de ninguna dramatización sino de un concepto grotesco de ciencia que, al catalogar a los indígenas africanos de inferiores intelectual y socialmente, consideraba pedagógico mostrarlos para curiosidad del público.

Aunque no solo eran indígenas africanos. Procedían de todo el mundo. También de Argentina como aconteció en 1881, cuando llegaron a París once fueguinos raptados en las costas del estrecho de Magallanes por un marino alemán. En sólo dos meses la exposición fue vista por 400.000 personas.

España no fue una excepción. El Parque del Retiro acogió en 1887 a 43 indígenas filipinos, incluyendo “algunos igorrotes, un negrito, varios tagalos, los chamorros, los carolinos, los moros de Joló y un grupo de bisayas» que se anunciaban a bombo y platillo y que causaban la admiración y curiosidad de todos los que se acercaban al parque de la capital.

La idea era que aparecieran en escenarios que se asemejaran lo máximo posible a su lugar de origen y realizasen actividades tribales. Claro está, que las costumbres y rituales de estos indígenas eran en muchas ocasiones tergiversados para favorecer el entretenimiento por encima de la ciencia.  

Teóricamente, estos indígenas accedían voluntariamente a participar en los espectáculos a cambio de una contraprestación económica. Un voluntarismo que sin embargo estaba más cerca del engaño.

Entre 1877 y 1912 se realizaron unas treinta exposiciones de este tipo en el Jardín d’Aclimatación de París. La afluencia de público fue masiva y regular. En el primer año recibió un millón de visitas. El promedio de concurrencia, entre 200.000 a 300.000 personas. 

En la célebre Exposición Universal de París, donde se inauguró la torre Eiffel (1889), el principal y más visitado espectáculo fue «Un pueblo Negro» una atracción donde fueron mostradas 400 personas indígenas.

En 1914 existía en Oslo un pequeño pueblo donde la gente podía admirar extraños hombrecitos de color como parte de su diversión diaria: Villa Congo. Ahí vivían 80 africanos que intentaban seguir con sus vidas diarias, algo que causaba admiración y deleite entre los asistentes, a quienes les parecía gratamente exótico. Más de 1 millón de noruegos asistió para ver el espectáculo tras ser inaugurado por el  propio rey.

Tampoco EEUU fue ajena a esto. lo habitual fueron exhibiciones de nativos americanos (en 1896 el  Zoo de Cincinatti abrió un poblado con un centenar de sioux y en la Feria Internacional de San Luis en 1904 se exhibieron nativos de los nuevos territorios arrebatados a los españoles (Guam, Filipinas, Puerto Rico). Buffalo Bill realizó una gira europea con indios del Viejo Oeste que asombró Barcelona.

El fin de la II guerra mundial, la difusión de la diversidad a través del cine y la declaración de los derechos humanos en 1948 marcaron el fin de estos zoológicos humanos, a pesar de lo cual diez años después de la declaración aun fueron exhibidas en la Exposición General de Bruselas familias enteras africanas en pequeñas jaulas de bambú con 41 millones de visitantes que observaron, alimentaron y acariciaron a los… indígenas.

Historias como esta, sorprendentemente cercanas en el tiempo, habrían de hacernos reflexionar sobre lo que es curiosidad o morbo, bárbaro o civilizado, y sobre todo mantenernos alerta ante una nueva (y desmemoriada) cultura racista que tanto degrada la condición humana.

Hay antecedentes históricos de estos zoos humanos: Colon llevó indígenas del Nuevo Mundo a la corte castellana en 1493; Moctezuma  también exhibía a personas poco comunes como enanos, albinos y jorobados; en el siglo XVI el cardenal Hipólito de Médicis coleccionaba personas de diferentes etnias…

Lo increíble es que Occidente ya pregonaba el ideal de igualdad universal mientras abrazaba la causa etnocentrista para legitimar el colonialismo y someter a los (atrasados) pueblos de África.

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Jacana Gardens. Un oasis en la ciudad de Harare

4 Sep , 2018  

Mi cabezonería me llevó en Harare a tomar un taxi y dirigirme personalmente a este alojamiento al que reiteradamente me había dirigido por correo electrónico, sin éxito.

El pálpito era encontrar un oasis en la ciudad. Y por supuesto, ¡lo encontré!

Jacana Gardens alojamiento

Os pongo en antecedentes sobre Jacana Gardens y quienes lo regentan.

Rian y Willen, holandeses expatriados que ejercen de fantásticos anfitriones, crearon años atrás un alojamiento con ese estilo propiamente sudafricano de casas bajas y sencillas, tejados a cuatro aguas cuyas extensiones crean alrededor de la planta del edificio un gran porche agradable y fresco.

El establecimiento ofrece no más que media docena de habitaciones. Dos de ellas en la casa principal, y el resto en dos casitas dispuestas en el jardín.

El epicentro de Jacana está en la casa principal con varias zonas de estar de estilo colonial. Todo ello enriquecido por una selección de objetos de arte africano e imágenes de los pioneros que llegaron a Salisbury un siglo atrás.

Jacana Gardens interior

Si tuviésemos la misión de actualizar al siglo XXI la imagen que la película memorias de África dejó en el subconsciente colectivo, es muy probable que se pareciese a Jacana Gardens.

Valga mencionar dos aspectos de mi estancia allí, relacionados con la comida:

Jacana gardens vistas exterior

Uno. Especialmente en el cono sur africano, el desayuno para un europeo es una autentica quimera. De modo que un buen café, pan, mantequilla y bizcochos es, después de semanas sin ellos, un momento de apogeo en la microhistoria del viaje.

Dos. La casita en que Rosabel y yo nos alojamos contaba, además del dormitorio y un baño doble, también con una cocina y un salón comedor. De modo que, compramos patatas, huevos y aceite en un supermercado de Samy Levy Village y preparamos para cenar ¡¡una tortilla de patatas!!

Ambas cosas, lo sabrán quienes hayan pasado semanas en latitudes alejadas de la suya, representan alegría emocional difícil de explicar.

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Dar Moha. Ejemplo de gastronomía marroquí

27 Ago , 2018  

Restaurante Dar Moha

El año pasado, después de muchos intentos frustrados por la rapidez del viaje y las abundantes y tentadoras propuestas de Marrakech, logramos una reserva en Dar Moha, uno de los más afamados restaurantes de Marruecos.

¿El Bulli marroquí?

Mohamed Fedal, chef y propietario, es una eminencia en ese pais. Un revolucionario de la cocina tradicional marroquí a la que ha pretendido modernizar y abrir sus horizontes. Aunque quizás la comparación con Ferrán Adrià sea exagerada, la referencia es muy descriptiva.

El verdadero equivalente a El Bulli sin embargo está en Fez y se llama Nur 7 -Incluso Najat Kaanache, chef y propietaria, formó parte del equipo de Ferrán Adrià y ha dejado en su cocina buena cuenta de lo que, en materia de fusión gastronómica y de autor aprendió en Rosas.

El Chef de Dar Moha

Un poco de historia de Dar Moha

Volviendo a Dar Moha, el restaurante se encuentra en un lugar preeminente a la entrada de la medina (Dar El Bacha). En un hermoso riad en el que la piscina y el jardín que la rodea ejercen como epicentro del mismo. El riad lo levantó el secretario del Pacha Glaoui y años después lo compró Pierre Balmain, el diseñador de moda, quien lo habitó durante años antes de reconvertirse en restaurante.

Piscina y terraza Dar Moha

Y un servicio excelente

 

La jefa de sala, esposa de Fedal, gestiona el servicio de mesas magistralmente, consiguiendo que la experiencia sea merecedora de la visita y de la popularidad del restaurante. También los buenos músicos gnaoua que añaden al ambiente una personalidad que te lleva aun más a las profundidades de la cultura alaoui.

Dicho esto, si nos atenemos a los criterios europeos de restauración a los que aspira el chef, Dar Moha no deja de ser un restaurante interesante, agradable, grato, cautivador…. Claro que, según los cánones marroquíes con escaso acervo en cocina moderna (algo que a muchos alegra), incluso alejada de esta y basada en la tradición, Dar Moha es un restaurante valiente e innovador.

Salones de Dar Moha

 

Dentro de lo tradicional, Innovación

Quizás lo mejor del menú degustación sean los entrantes, un despliegue de la huerta marroquí bien trabajada y excelentemente presentada. Los platos principales: tajines, pastelas, etcétera, por mucho que traten de introducir en ellos algún elemento disruptivo, no dejan de ser los platos omnipresentes que son a lo largo y ancho de la geografía de Marruecos.

La carta de vinos es buena aunque, como en todos los países islámicos, de precios desorbitados. Los vinos grises son siempre la mejor opción en Marruecos.

Ensalada Dar Moha

Siempre hay que fijarse en los detalles de la decoración

Un detalle que me encantó fue el suelo cubierto en su totalidad por alfombras chichaoua de un rojo intensos. Esas alfombras, bajo la denominación de ‘alfombras del medio atlas’, siempre han estado en el catálogo de The African Touch desde sus comienzos. (Para mí son las mejores del mundo: no hay nudo semejante, si color mas autentico, y demás son salvajemente tribales y elegantes).

De modo que recomiendo Dar Moha como experiencia cautivadora por lo que significa para el lifestyle marroquí aunque advertidos quedáis que en materia de cocina, no lo juzguemos con los exigentes estándares europeos.

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Amalinda, un lodge entre rocas milenarias

13 Ago , 2018  

Piscina en Amalinda Lodge

Cierto es que los atractivos de la zona son muy variados y tentadores, una buena opción al sureste de Zimbawe es alojarse en uno de la media docena de lodges que hay en ‘los matopos’. Y del que voy a hablaros hoy, me ha gustado especialmente, Amalinda Lodge.

Parque Nacional Matobo

El Parque Nacional de Matobo

«Matopos» es el nombre local del Parque Nacional de Matobo y por extensión de la zona adyacente que aún mantiene la espectacularidad del paisaje rocoso.

Interior Amalinda Lodge

Uno de los clásicos del área es Amalinda

Un hermoso lodge construido aprovechando las formaciones rocosas del enclave. Las habitaciones, las zonas comunes, incluso la piscina, también aprovechan para ello las rocas con una escasa intervención arquitectónica. Ello proporciona además una atmósfera maravillosamente inquietante que se acentúa por el vivo paisaje del sur de África.

Amalinda Logde zona común

Campamentos de ¿lujo?

Merecería un análisis más profundo la condición de “lujosos” de estos campamentos en las sabanas africanas, que dirían más de la mentalidad de los turistas del siglo XXI que de los propios alojamientos. (Análisis que dejo pendiente).

 

Una decoración original

La decoración mezcla el encanto rústico de los campamentos de principios del siglo XX (lonas recias de color caqui, pequeño mobiliario plegable, etc.) con elementos victorianos (camas con dosel, juegos de té y cuberterías en plata, entre otras cosas) y una buena selección de toques africanos por doquier: taburetes, cuernos, estatuillas, estampados animales, cestería tradicional, etc.

Sobra decir que el lodge tiene de todo desde bodega, a cava de puros, biblioteca con los clásicos africanos, spa y por supuesto una cocina fantástica.

Decoracion Amalinda Lodge

Así que por eso, y por mucho más, me ha gustado escribirte hoy mi opinión sobre este alojamiento en la sabana africana llamado Amalinda Lodge.

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El Pulgarcito Africano

4 Jul , 2018  

Hace unos días compré un nuevo teléfono móvil. Por la compra me ofrecieron en promoción un seguro de robo. Era tentador un descuento tan grande pero, como dije al personal del establecimiento, mi especialidad era la pérdida.

Hay que decir que compré este teléfono dos meses después de otro y aquel unos seis meses después del anterior. Es decir, tres teléfonos móviles en ocho meses.

caminos de pulgarcito

¡Dónde tendré la cabeza!

Cuando regresaba a casa con mi nuevo y flamante teléfono empaquetado relaté mentalmente los lugares en los que había perdido mis anteriores teléfonos y deduje que, como un pulgarcito de nuestro tiempo, había dejado señuelos a lo largo de mi camino.

Ese camino, de adelante atrás, empieza en Harare (Zimbawe), anteriormente en Nairobi (Kenia) y aun más atrás en el tiempo en Addis Abeba (Etiopía), Estambul (Turquía)…

masai con plato labial

Pero no siempre ha sido de manera involuntaria

También he ido dejándolos de forma voluntaria –sin pérdida ni descuido- aquellos que ya me resultaban obsoletos. Para una comunidad Mursi del Valle del Omo (Etiopía), uno. Para una cooperativa de comerciantes de Foumban (Camerún) otro. Creo recordar que en Accra (Ghana) años atrás, intercambié un teléfono por alguna otra mercadería o prebenda.

Si ponemos estos lugares en un listado, bien podría diseñarse una buena guía de viajes por África o un circuito turístico. (Algo que no descarto: “en busca del teléfono perdido”; “una semana por las enigmáticas ciudades africanas”…)

cine de africa

Volver y volver

Freud decía que cuando alguien olvida algo en algún lugar es porque tiene el deseo subconsciente de regresar a él. Desde luego es certero para mí: volveré a esas ciudades y seguiré olvidando el  móvil en otras.

Ya empiezo a soñar con los lugares en los que próximamente me dejare mis móviles: quizás Marrakech, Ciudad del Cabo, El Cairo, Lomé…

niños pulgarcito de africa