The African World

EL ALGARVE DE ULTRAMAR: PORTUGAL EN ÁFRICA Y MARRUECOS

5 Dic , 2020  

Portugal y Africa

Fue  en 1415 cuando Portugal conquistó la ciudad de Ceuta y con ello empezó la construcción de su Imperio. Imperio que a la larga dejaría una gran impronta en el  continente africano.

 

En aquellas fechas la expansión ultramarina era una necesidad de varios estados europeos ya que con ello buscarían recursos necesarios para el  desarrollo económico y de paso una salida a una crisis del feudalismo.

 

Portugal tenía la ventaja de su inmediata salida al mar, gracias a lo cual iban poco a poco extendiendo hacia el sur, ya que el Mediterráneo cada vez estaba más complicado y había además fabulas que hablaban de ciudades en África donde el oro era tan abundante como los olivares en la península ibérica.

 

Al comienzo los portugueses se asentaban en las costas para hacer negocios o conseguir botines. Antes de finalizar la década de 1440, Portugal optó por la trata y el tráfico esclavista con los potentados locales.

 

Entre 1444 y 1446 los buques portugueses llegaron a las costas de la Senegambia. Y poco más tarde alcanzarían lo que se conoce como la Costa de Oro (actual Ghana). En todo lugar costero donde los portugueses se asentaron establecieron factorías, puestos de comercio y avanzadas militares, insertándose en circuitos comerciales preexistentes, pero casi nunca yendo hacia el interior.

 

En 1483 Diogo Cão llegó al estuario del río Congo y comenzó el contacto con un importante estado africano, el reino de Kongo, que sirvió a Portugal para instalarse en la isla de São Tomé, en la cual empezó la producción azucarera. Las relaciones con el Congo fueron igualitarias y cordiales al principio, pero el solo hecho de la aparición portuguesa, acabo por dinamitar este reino.

 

El problema era atravesar el paso interoceánico, conocido como Cabo de las Tempestades, que conecta Atlántico e Índico. Pero en 1488 Bartolomé Días lo logró, nombrándolo Cabo de la Buena Esperanza. Ello facilitó a Vasco da Gama alcanzar en mayo de 1498 la costa india tras 13 meses de navegación

 

Tras esto, África se convirtió solamente en ruta de paso hacia Asia, puesto que el oro encontrado no era suficiente para Portugal. Pero tiempo después, debido a la expansión colonial, el Tratado de Tordesillas repartiría África.

 

Pero esa es una historia que seguiremos recorriendo más adelante. Baste ahora con recrear la estrecha relación que desde siglos atrás mantuvo con un pais al que, en buena medida, ayudó a acercarlo a los europeos y contribuir a esa diversidad que tanto nos gusta de Marruecos.

 

EL ALGARVE DE ULTRAMAR

 

Puede ser que la larga presencia francesa en las tierras marroquíes haya ocultado un poco la importancia que tuvo en este país la cultura portuguesa.

 

Portugal consiguió ocupar hasta nueve poblaciones principales de Marruecos. Fue a partir del siglo XV cuando el interés luso se trasladó hacia la costa atlántica y fue entonces cuando Aguz, Al-qsaras-Sequhir, Arcila, Azemmour, Ceuta, Mogador, Mazagán, Safi y Tánger, fueron ocupadas. Por aquel entonces lo rebautizaron como el «Algarve de Ultramar».

 

El rey Joao Alfonso fue el impulsor de esta etapa de expediciones, tras firmar la paz con Castilla, y viéndolo como toda una fuente de beneficios, tanto a nivel económico como político, pero también pensando en el prestigio que les daría ante Europa. Al frente de las conquistas estaba Enrique de Portugal, de la dinastía Avis, quien tuvo el monopolio en las exploraciones africanas dado su parentesco real.

 

La primera expedición partió de Lagos hacia Ceuta, conocida como la llave del Mediterráneo y que por entonces pertenecía al reino de Fez. Fue tomada por los portugueses en 1415, motivo por el que se le concedió el título de I Duque de Viseu al infante Enrique.

Comenzaba una expansión que duraría hasta el siglo XVII, la Era de los Descubrimientos, en la que Portugal jugaba con ventaja dada su estrecha relación con el mar y su larga tradición pesquera. Pero esto ya os lo contaremos en otro artículo.

 

Tánger fue una dura batalla que resultó en un fracaso en 1437. Consiguieron la ciudad, muchos años después, en 1471, esta vez de forma pacífica al llegar a un acuerdo con el sultán de Arcila.

Asilah, es en la actualidad uno de los lugares más visitados del país, y fue tomada unos meses antes que Tánger. Además, entre los prisioneros que se hicieron en la ciudad y se llevaron a Portugal, se encontraba el futuro rey de Fez. Que más tarde intentaría recuperar Arcila sin éxito.

 

A Tánger, Asilah y Ceuta se uniría Mazagán, la actual El-Jadida, en 1485. Su fortaleza está considerada una de las siete maravillas construidas por los portugueses en el mundo. Hasta un arquitecto italiano se unió al proyecto, siendo un buen testimonio del cruce de culturas europeas y marroquí que puede apreciarse actualmente al pasear por sus calles. Fue en este puerto donde los portugueses permanecieron más tiempo, abandonándolo por no ser rentable en 1769.

 

La verdad es que recorrer el interior de El-Jadida, ciudad no muy conocida, es casi como transportarte a Portugal. Sus calles y su fortificación son de las más similares a los del país ibérico.

 

Sin embargo, Esaouira es de las ciudades más conocidas del país. Ya sea por su turismo de playa, por su aceite de argán o por sus cabras subidas a los árboles del mismo nombre. Y fue a esta ciudad, conocida como el Puerto de Marrakech, donde llegaron los portugueses en 1506.

 

En cuanto a Mogador, fueron fundamentales las islas de Madeira desde donde se enviaban tanto hombres como caballos para las conquistas.

 

En fin, cada vez que volvamos a Marruecos habremos de tener muy presentes ese flirteo que desde siempre mantuvo con Portugal. Y cada vez que volvamos a Portugal habremos de tener muy presentes ese flirteo que desde siempre mantuvo con Marruecos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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VIEJAS VISIONES DE ORIENTE

2 Sep , 2020  

En estos tiempos en los que regresan fantasmas que creíamos disipados (como, entre otros, el racismo) es conveniente detenerse a observar y preguntarse ¿por qué?

 

Es una respuesta ambiciosa por si misma con cientos de enfoques y matices.

 

Mi aportación en esta entrada es por supuesto muy raquítica, pero cumpliría su cometido tan solo por señalar posibles causas, repasar puntos de vista y alimentar un pensamiento tan necesario como cada vez más inusual. Habrá tiempo para nuevas entradas que insistan en este asunto.

 

Orientalismo Geográfico y orientalismo imaginario

 

Desde luego lo que se considera hoy orientalismo es, geográficamente, mucho más reducido que lo que se consideraba hace varios siglos. Hoy en dia está circunscrito poco menos que al hinduismo.

 

Pero antiguamente era una cosa mucho más vasta. Oriente era la frontera desconocida que circundaba a Europa. El norte de África por supuesto era oriente, pero también España, el sur de Italia, el mundo otomano y hasta el eslavo. Por supuesto todo lo que se extendía más allá.

 

Europa desde el inicio de su historia siempre tuvo una visión amenazante de oriente sobre todo porque la perspectiva desde la que se examinaba tenía su origen en un cristianismo que era por sí mismo, en la concepción eurocéntrica, el símbolo de su identidad y poderío.

 

Tenían los intelectuales de la época el convencimiento de que estaban en el posesión de la verdad absoluta, emanada del cristianismo, y qué lo que no era cristiano era falso, herético. De modo que a los musulmanes eran eso: herejes que contradecían y enfrentaban las verdades cristianas y con ello el sentido mismo de su existencia.

 

Ese era el punto de vista de los europeos medievales, y desde entonces el estudio de oriente ha creado al oriental como un objeto de análisis aislado, pasivo y sin historia. Como si fuese algo permanente, infinito y eterno, desprovisto de evolución histórica social o personal.

 

Las fronteras de ese oriente geográfico han ido desplazándose a medida que se iba conociendo la lengua, el patrimonio cultural, la tradición escrita, etc.

 

Napoleón intentó conquistar Egipto animado por la posición estratégica que tenía entre Occidente y Oriente, y aunque esa conquista fue un fracaso, lo cierto es que gracias a la  exhaustiva preparación de la invasión, se produjo un punto de inflexión a partir de ese momento en lo que al orientalismo se refiere.

 

Napoleón llegó a Egipto con un ejército tan nutrido de militares como de eruditos que trataban de descifrar la totalidad de su compleja cultura. Incluso en la propia metrópolis, en París, fundó instituciones de todo tipo desde el punto de vista intelectual que sirvieron para reconsiderar el orientalismo moderno.

 

Sin embargo, a pesar de que el conocimiento ha logrado trascender el temor al otro, y que por supuesto las suspicacias son reciprocas, los tópicos y estereotipos hacia el oriente más cercano (árabe e islámico fundamentalmente) se mantiene hostil y amenazante en imaginario de las sociedades occidentales.

 

 

 

 

 

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