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ROSABEL NOS PROPONE LA ESCAPADA PERFECTA A TANGER

17 Abr , 2017  

A este paso le vamos a dejar sin secretos! Hemos conseguido que Rosabel nos desvele como es para ella una escapada perfecta a Tánger.

 

Esta ciudad de Marruecos fue durante años un lugar de paso para la fundadora de The African Touch hasta que, convencida de que era mucho más que eso, decidió descubrirla. Y ya creemos que lo hizo! Incluso la eligió como la ciudad en la que casarse.

 

Es, en su opinión un buen resumen de todo Marruecos, a pesar de que en sí misma es contradictoria, por ser al mismo tiempo diferente al resto del pais pero una buena síntesis de este.

 

Lo mejor de Tánger es vivir la ciudad. Vivirla día a día. En lo cotidiano. De lunes a domingo. Sin embargo si esto no es posible, siempre podemos disfrutar de una escapada corta. Para esto, la ventaja principal es que los grandes atractivos se encuentran concentrados en torno a la Kasba.

 

Elegir el alojamiento es sencillo ya que la oferta es abundante y casi siempre satisfactoria. Rosabel siempre se aloja en alguno de los riads de la ciudad vieja. Por ejemplo en Albarnous o La Tangerina. Hay otros muchos muy recomendables (Nord Pinus, la Maison de Tánger, Maison Blanche, Dar Nour…) todos preciosos y bien atendidos, pero esos dos son sus habituales.

 

Por bonitos que sean estos riads, el aire cenital de la atmosfera de la ciudad harán difícil resistirse a un paseo inmediato por la medina, y la ubicación de estos alojamientos lo pone más que fácil. Basta con dejarse descender por la escala -con parada en el mirador del estrecho-, el mechouar, y las callejuelas que llevan inequívocamente al zoco chico. En el camino podréis disfrutar de la riqueza de la arquitectura tradicional del norte de África (casas como la de Carmina Macein o de la actriz americana Laura Hutton). También pasareis por tiendas de ensueño como Blue de Fes o Antiquaire Majid hasta el epicentro de la ciudad: las terrazas del café central y el Café Tingis. Este último con un majestuoso aire decadente que te hará creer que todos los que toman un té de menta son Paul Bowles.

 

El zoco chico y el zoco grande (renombrado plaza 9 de abril) están próximos y conectados. Este es otro epicentro tangerino que conecta las ciudades antigua y nueva.

 

No habréis de temer que llegue el momento de decidir dónde comer. La oferta es fantástica: podéis optar por cocina marroquí en un restaurante tradicional como Hamadi, con su toque vintage, o en uno mucho más selecto, El Korsan, considerado el mejor restaurante de cocina marroquí de todo Marruecos. Se encuentra en el Hotel Minzah, el que fuera lugar de encuentro de la jet internacional durante los años cincuenta. También hay fantásticos restaurantes de cocina internacional: desde el libanes Ziryab, en la última planta del hotel Les Almohades, hasta cocina francesa en el Restaurante Delacroix en el Gran Hotel Ville de France, donde aún se conserva la habitación que ocupo el pintor durante su residencia en la ciudad.

 

Un restaurante que mereció la admiración de Rosabel (y una entrada en este mismo magazine) es La Fabrique, aunque recientemente ha pasado a convertirse en un bar de tapas, como También el Morocco Club.

 

Tánger es una ciudad históricamente en la vanguardia cultural marroquí. Alguno de sus establecimientos son épicos lugares de resistencia, como Librairíe Des Colonnes o la Filmoteca. También la galería de arte Delacroix o la Galeria Conil.

 

Es obligatorio reservar algunas horas a visitar algunas de las tiendas más sofisticadas del pais como Las Chicas, cercana a la puerta de la Kasba; Les Insolites, y la Tribu de Ziri, en la céntrica calle Khalid Ben Oualid. Muy cerca de allí, en el  Boulevard Pasteur, están De Velasco, y Yamani y Mandini, dos clásicos de la perfumería oriental. También el bazar y la galería Tindouf justo frente al hotel Minzah.

 

 

Sería incompleta la visita a Tánger sin holgazanear un rato en alguna de las emblemáticas teterías de la época hippie como el café Hafa con su imponente vista al mar, o el Café Baba en plena medina presumiendo de sus ilustres visitantes de antaño (Jimi Hendrix entre ellos). Menos, pero igualmente perfectos para ver pasar la vida, son el Café de Colçon en la Calle de Italia o el Gran Café de París.

 

 

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