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MATOPOS Y CUEVA DE NSWATUGI

16 Jun , 2020  

Hace al menos un año y medio que no he regresado a Zimbabue (¡con lo que me gusta!). La pandemia, además, trastocó un inmenso calendario de viajes que lo incluía.

 

He viajado a la zona en varias ocasiones, pero no fue hasta la última, en 2018, que me desplacé hasta a ciudad de Bulawayo y la tomé como base para descubrir la zona. En particular el Matobo Hills National Park a 60 kilómetros al sur de la ciudad.  Un escenario tremendamente teatral, decorado por grandes rocas desnudas y curvadas, esparcidas como las cuentas de un collar, que ha desarrollado la vida ininterrumpidamente desde hace 40.000 años hasta hoy.

 

Tras volver de allí, pese a la dificultad de encontrar literatura al respecto, profundice ligeramente en la historia la antropología que se escondía tras las cuevas de los Matopos.

 

Inexplicablemente, una de ellas, la cueva de Nswatugi, fue usada como granero en el  siglo xix por los pioneros de John Rhodes.

 

Entre solo en un par de ellas aunque en la zona hay numerosas cuevas. Nswatugi (que en lengua shoona significa ‘lugar del salto’) me impacto especialmente gracias a la morfología de la propia cueva y sus realistas pinturas rupestres.

 

Como el desfiladero de petra, la cueva era alta, de tonos cálidos, bien visibles los estratos y el paso de los siglos. La altura se producía por una lenta elevación de siglos. Una especie de flor que abre sus pétalos petrificados a lo largo de la eternidad.

 

No parecía que fuese a caer ni un solo grano de arena. La erosión de miles de años ha dejado aquellas superficies duras, lisas y pulidas

 

Y como en una panorámica en cinemascope aparecen jirafas esbeltas, en movimiento. Impalas pastando, kudus en desbandada. Y entre ellos, nuestros antepasados mostrando a las generaciones venideras una lección de evolución.

 

PD: espero que no pase mucho tiempo antes de regresar (aunque temo que los Matopos tendrán que esperar mejor ocasión ya que a mi lista de imprescindibles de Zimbabue aún faltan muchos ¡checks!)

 

 

 

 

 

 

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Arte,Ciudad y países

EL ARTE SHONA. MÁS QUE ESCULTURA

5 May , 2020  

Zimbabwe posee dos grandes culturas diferentes que tienen distintas maneras de hacer arte, los Ndeble y los Shona. Pero el grupo étnico más grande e influyente del país, son estos últimos y de su arte es de lo que venimos a hablarte hoy.

 

El Arte Shona tiene su origen en las manifestaciones culturales de este pueblo de Zimbabue en los años 60.

 

En 1957 el historiador de arte Frank McEwen asumió la dirección de la Galería Nacional en Salesbury, Rhodesia del Sur o lo que hoy conocemos como Harare, Zimbabwe. Antes, había dirigido provisionalmente el Museo Rodin en París.

 

McEwen, se especializó en arte africano y su influencia sobre Picasso, Matisse o Henry Moore debido a que los había conocido personalmente. Abrumado por el potencial artístico existente en Zimbabwe, fundó escuelas taller. Eran poco convencionales y donde el artista africano podía desarrollar libremente su talento creativo.

 

No podemos decir que él fue el creador de la “Escultura Shona” pero en gran parte alentó a los artistas africanos a crear mirando hacia el interior de su cultura y a expresar su arte, basándose al principio en su propia mitología.

 

Tom Blomefield era un pequeño granjero de tabaco, que al ver que su granja no prosperaba, fundó en 1966 la colonia artística “Tengenenge”. Se convirtió en su director, y ha seguido siéndolo hasta 2007. Actualmente, sigue existiendo esta pequeña colonia. De ella han surgido varios artistas reconocidos a nivel mundial.

 

El pueblo de Tengenenge es una galería al aire libre de la escultura Shona, y allí se exponen más de 11.000 obras de más de 80 escultores.

 

La existencia de una gran cantidad y variedad de material crudo ha sido un factor de gran importancia para el desarrollo de los escultores de Zimbabwe.

El “Great Dyke” provee a los artistas de su material predilecto para trabajar en sus esculturas: la piedra Serpentina.

 

Este tipo de piedra tiene 2,6 mil millones años y se encuentra en grandes cantidades en Zimbabwe. La Serpentina está caracterizada por su dureza y por sus escasas grietas. El color de la Serpentina depende de la combinación de minerales y su apariencia varía según el lugar en que se encuentre.

 

En las canteras de Tengenenge se encuentra el Springstone, una Serpentina de color negro intenso y de extrema resistencia y dureza. El Opal es una variedad de la Serpentina de color verde claro. Viene de la zona de Chiweshe y gusta mucho por su dureza y su dibujo. Muchas veces contiene partes naranjas, rojas o azules bajo la superficie.

 

Otra de las piedras utilizadas frecuentemente para crear estas maravillosas esculturas es la semipreciosa Verdite. Se caracteriza igualmente por una gran dureza y por su intenso verde. Ello es resultado de su contenido en cromo, aunque puede encontrarse también en colores más oscuros como el marrón.

 

Las figuras se hacen a base de martillo y distintos tamaños de cincel, dándole la forma que ellos desean. Aunque para los detalles siempre suelen trabajar con limas de distintos grosores.

 

El acabado de cada escultura se hace con papel de lija y con una paciencia infinita para dar esa forma tan espectacular a todas las esculturas Shona. Al final se esmerila todo con un poco de agua y la lija más fina.

 

Por último para conseguir un brillo y un color intenso lo bañan con una cera incolora después de haber calentado la piedra para que la cera penetre mejor. Una vez que han terminado, el artista pule su obra hasta que consigue el acaba que buscaba.

 

La escultura o el arte Shona tiene algunos renombres mundiales. Han expuesto en países de toda Europa, y en España fueron muy impactantes las demostraciones de la Expo de Sevilla del 92.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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